La situación que actualmente enfrenta nuestro país y el mundo ha replanteado la perspectiva que todos teníamos de nuestras vidas antes de la pandemia, después de largos meses en confinamiento quizá muchos compartan la misma idea que al sobrellevar la cuarentena dentro de casa, vivíamos con cierto temor a que hubiera desabasto de medicamentos o alimentos, buscando la ropa con la que pudiéramos estar más cómodos, olvidándonos por completo de joyas, zapatos, y todas esas prendas que utilizamos para lucir bien. En ese momento del confinamiento lo que más se valoraba en nuestros hogares era que nuestros seres queridos estuvieran con nosotros en casa, que estuviéramos cómodos, gozando de salud y que tuviéramos artículos de subsistencia suficientes.

El gran aprendizaje que me deja esta pandemia a mis 28 años de edad es que “la vida es sencilla” ante una situación que amenaza nuestra salud y nuestra vida, todos aquellos objetos materiales que tengamos almacenados en casa siempre estarán de sobra ante una situación de esta naturaleza y solo entonces le daremos el valor que realmente tiene el bienestar, la salud y la subsistencia de los elementos básicos para la vida.

Dentro de mis funciones profesionales en esta institución que promueve la educación y la calidad de vida de los beneficiarios también hace eco esta condición, observo que desde la apertura del aula y siguiendo los protocolos del retorno seguro, la afluencia y las ganas por estudiar y culminar sus estudios han aumentado, y no es para más, coincido con mis alumnos cuando comentamos que la una de las formas de vencer y afrontar una pandemia como el COVID-19 es la educación, apostarle al conocimiento científico, que existan cada vez más personas preparadas que puedan estudiar y demostrar soluciones ante una contingencia de esta naturaleza. Que cada vez existan más oportunidades y por convicción hagamos esos cambios significativos en nuestras vidas que garanticen una mejor calidad de vida para nosotros, nuestros seres queridos y nuestra sociedad ante una pandemia en el futuro.

La nueva normalidad nos afectó a todos pero especialmente a los padres y madres que trabajan, pues ahora tienen que enfrentarse además de las responsabilidades del trabajo, a apoyar a sus hijos en edad escolar con las clases a distancia.

Los estudiantes y maestros estarán separados físicamente y los procesos de enseñanza y aprendizaje tendrán lugar mediante la tecnología, ¿cómo lograr el balance entre el trabajo, la escuela y la familia en casa?

Responsabilidades

Los docentes y los estudiantes estarán navegando en barcos distintos, que se van acompañando a la distancia; las madres y padres tendrán un rol más activo en este trayecto, que el que tuvieron en el pasado.

La encuesta sobre la “Educación durante la contingencia por el COVID-19” que se aplicó durante mayo y junio de 2020, bajo la iniciativa de Juntos por el Aprendizaje,1 revela que la mayor parte del cuidado y acompañamiento escolar de los hijos recae en las madres, 57.8% y 62.5% respectivamente, en comparación con el 19.9% y 18.4% en los padres. Este sesgo no es un fenómeno reciente sino el resultado de la estructura del mercado laboral y de las normas sociales. Algunos dirán que es porque la mayor parte de las mujeres son madres solteras o se dedican al hogar, pero, al menos en esta muestra, el 72% son hogares biparentales y el 75% de las mujeres trabajaba al igual que los hombres y aun así la mayor parte de la carga de los hijos y responsabilidades del hogar recayó en las mujeres

Aprendizajes

A finales del ciclo escolar anterior, el 85% de los padres de familia mencionaron necesitar apoyo para acompañar o facilitar las actividades escolares de sus hijos desde casa, este porcentaje fue más alto entre las madres y quienes tienen hijos en inicial, preescolar y primaria. El principal apoyo que solicitan las madres tiene que ver con temas logísticos y organización del tiempo (29.3%), seguido por temas tecnológicos (26.5%), socioafectivos (19.8%), pedagógicos o de contenidos curriculares (16.5%); mientras que el principal apoyo que solicitan los padres es tecnológico (32.3%). Algunos de ellos (19%) reconocen que carecen de los conocimientos necesarios y varios (37%) que no saben cómo motivar a sus hijos para continuar con una educación a distancia.

En general, el principal obstáculo que mencionan los padres de familia es poder adaptarse a la nueva rutina: balanceando adecuadamente el tiempo para trabajar desde casa, con distracciones constantes, y para ayudar a sus hijos con las tareas escolares. El 54% de las madres expresa que era difícil o muy difícil organizar el tiempo durante la contingencia, comparado con el 48% de los padres.

Redes de apoyo

Según el INEGI, casi 16 millones de mujeres trabajadoras son madres y 30% de los hogares está a cargo únicamente de las madres. Antes del coronavirus, la mayoría de las madres trabajadoras dependía de un sistema de apoyo para el cuidado y aprendizaje de sus hijos.  Encargarles el cuidado de los niños a los abuelos dejó de ser una opción para muchos ya que son una de principales poblaciones vulnerables de contagio. Desde el confinamiento, las madres y padres de familia han buscado a personas de la familia nuclear, familia extendida y grupos de amigos para contar con apoyo emocional, aunque sea a la distancia.

Sensación de mareo

Como en altamar, muchos padres de familia han sentido una sensación de mareo y pérdida de equilibrio emocional en los últimos meses. Comparado con su situación pre-COVID, los padres de familia indican que su estrés (67%) y cansancio (47%) han aumentado. Estos aumentos son más pronunciados entre las madres que entre los padres. Muchas madres describen sentirse abrumadas, agotadas (física y mentalmente) y culpables, como no lo habían experimentado antes. A pesar de esto, más de la mitad de ellas mencionan que sus hijos han estado contentos o felices estos meses.

Aun cuando muchos varones están compartiendo responsabilidades domésticas, la carga mental tiende a ser más alta entre las madres, quienes reportan estar continuamente buscando que todos en casa estén bien y felices.

Usa el viento a tu favor

Mientras navegamos de forma distinta por nuevos mares, los padres de familia deben aprender a ser flexibles, menos exigentes y ajustar expectativas para mantener la salud emocional y poder acompañar a los hijos en su desarrollo.

Enfócate en ser una buena madre o padre; es decir, en alguien que sabe tomar las decisiones correctas para buscar el bienestar de sus hijos.

Atesora las cosas que has podido hacer con tus hijos en estos meses: cocinar, jugar, leer, conversar.

Busca alguien en quien apoyarte cuando sientas que ya no puedas remar.

Fuente: Animal Político, María Elena Ortega Hesles

Los últimos cinco meses han sido de incertidumbre para la mayoría de la población, en temas económicos y de salud, tanto física como emocional. Durante este tiempo he escuchado historias muy diversas de consecuencias que ha dejado la pandemia: personas que se han quedado sin empleo, quienes han perdido a algún familiar o se han enfermado, quienes han sufrido algún accidente que los imposibilita para seguir trabajando, quienes se han contagiado y los han tenido que precindir de sus servicios o aquellos que han sufrido problemas emocionales. También he lidiado y conocido a gente muy cercana y querida que ha pasado por ellas.

Durante mi vida he tratado de ser empática con las diversas realidades que viven las personas a mi alrededor. Sin embargo, desde que colaboro con la fundación he logrado poner en práctica mi ejercicio de reflexión y cuestionar mi propia realidad desde otros puntos de vista.

Es por esto que, a pesar de que la mayoría de las consecuencias han sido muy poco favorables o fatales, es necesario reconocer que también hay algunas que han sido positivas. Por ejemplo, todos los asesores han tomado un papel muy importante al ser los responsables de poner en práctica las recomendaciones de seguridad para cuidar su salud y la de nuestros alumnos; y por supuesto, la iniciativa que han tomado los estudiantes para llevarlas a cabo. Lo que nos demuestra que esta situación nos ha permitido cuestionar nuestras formas de vida y de alguna manera nos ha vuelto más empáticos, respetando y cuidando la vida de otros.

También, me ha sorprendido gratamente que a pesar de todos los obstáculos que puedan presentar los alumnos, y por supuesto los asesores, seguimos apostando por la educación. Hay alumnos que han sido despedidos y que hasta ahora no encuentran trabajo, pero que continúan estudiando. Y también hay asesores que nos hemos quedado sin un aula para trabajar y hemos temido por quedarnos sin empleo, pero aun así seguimos atendiendo a nuestros estudiantes.

Por esto, poder colaborar con el aula virtual, aunque sea por un tiempo, me ha demostrado que sin importar los obstáculos, si se tiene una meta fijada se pueden encontrar soluciones para lograrla, a pesar de la gran desigualdad en cuestiones de acceso a las tecnologías, pues no todos cuentan con un celular o una computadora que les permitan estudiar desde casa.

Me gusta creer que la motivación y el deseo por cambiar nuestra realidad junto con el apoyo y guía de las personas que nos rodean para trabajar de manera colectiva es el inicio para lograr muchas cosas en el ámbito educativo pero sobre todo en el personal y como sociedad, y me hace recordar una frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano que dice “Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (Relato Celebración de las Contradicciones/2, 1987).