Desde el 2013, quedó establecido en el Diario Oficial de la Federación que el Estado debe brindar educación hasta el nivel medio superior.

Mientras que el INEGI reporta que en México, el promedio de años escolarizados es de 9.5, lo cual hace evidente que la población tiene la escolaridad de un poco más de secundaria; sin embargo la misma encuesta menciona que para los albañiles este promedio es de 6.9 años de escolaridad (INEGI, 2013). Estos datos apoyan el sentido de la fundación, la cual busca poder apoyar a los trabajadores a concluir los niveles de su educación básica.

Sin embargo, los datos que reporta en 2017 el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) nos dicen que en lenguaje y comunicación menos del 10% tienen un nivel alto en este tema, lo cual les permitiría seleccionar y organizar la información. Mientras que el 33 % se encuentra en el nivel más bajo de la prueba.

Las matemáticas son menos alentadoras, el 66% está en el nivel más bajo de la prueba, que incluye dificultades en el tema de fracciones, y solo el 2.5% se encuentra en el nivel alto.

Retomando brevemente los datos anteriores, podemos deducir que la labor de la Fundación tiene retos importantes, pues la población a la que nos dirigimos no solo tiene un rezago educativo mayor, sino que además debemos empezar a construir las estrategias que ayuden a no dejar a nuestros beneficiarios con las mismas carencias que se reportan a nivel  nacional. Las competencias que se desarrollan en estas áreas sin duda son indispensables para conseguir mejoras en su trabajo y en su vida diaria.

Lo anterior nos ayuda a entender en parte porque paso tanto tiempo para que llegaran los primeros graduados de preparatoria (11 años), pero también nos debe hace reflexionar en los retos y logros que cada egreso implica. 

Por: Antonio Orozco

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