El sistema educativo ha tenido cambios significativos a raíz de la pandemia provocada por el Covid-19; estos cambios (cierre de escuelas) afectaron las formas y maneras de enseñar; es decir se migró de una forma presencial de enseñanza a una virtual;  para que miles de estudiantes no se vieran afectados en continuar sus estudios de cualquier nivel educativo; sin embargo el docente ha sido el sector con mayor  afectación para enfrentar con éxito su labor en la era de la virtualidad educativa, al verse limitado en competencias digitales, por carecer de la tecnología y al no estar preparado en una formación acorde a las circunstancias, lo llevaron a implementar estrategias inmediatas para no dejar a sus alumnos sin clases y lograr cumplir el cometido constitucional, la culminación con éxito de la educación.

Situado en el contexto de la Fundación Construyendo y Creciendo; estas estrategias inmediatas; evidencian la vocación de los asesores educativos; porque se dieron a la tarea de llamar cotidianamente a sus estudiantes a teléfonos fijos o móviles, para explicar los temas, otros tuvieron que ir a los domicilios en plena pandemia, para apoyar en las actividades y tareas; algunos otros apoyaron facilitando crédito a los teléfonos celulares de sus estudiantes, otros mantienen contacto vía WhatsApp y Facebook. Por lo tanto, cuando se tiene la vocación, no importa el tiempo, el espacio, ni el horario, lo importante no es dejar a los estudiantes sin sus clases.

Estos actos, no sé si son heroicos, pero sí dan cuenta de un compromiso social que los asesores establecen ante la responsabilidad de su función, cuando hay un compromiso, se refleja en creatividad. Lo que hace evidente que los docentes, sí desean aprender, crecer y evolucionar. Por ello hay que prepararse y aceptar los cambios que se generan a partir de esta pandemia.

 Ya lo refiere un gran pedagogo; “El profesorado sabe que ha de estar en constante cambio y renovación, y que la incertidumbre forma parte desde hace tiempo de su entorno profesional. Esa necesidad de cambio y esa percepción de incertidumbre han sido fulminantes y vertiginosas en los últimos decenios. Y esta nueva situación requiere que se planteen cambios en la forma de trabajar en las escuelas. O al menos deberían plantearse. Es necesario cambiar constantemente en la profesión de enseñar. Las funciones en las aulas y en las instituciones educativas han ido cambiando a lo largo de los siglos al mismo ritmo que la sociedad; ahora el sistema educativo debe acelerar si no quiere perder el paso y quedarse obsoleto” (F.Imbernón, “Ser docente en una sociedad compleja”. La difícil tarea de enseñar. 2017).

Recordemos que el cambio es una constante en la educación; cada cierto periodo se realizan nuevas propuestas para mejorar, desde la política y los modelos educativos, los planes y programas de estudio, los libros de texto, las metodologías de enseñanza y hasta los recursos didácticos. Los docentes deben estar habituados a los cambios porque se mueven de una escuela a otra y es muy probable que, en su trayectoria profesional, hayan conocido a muchas autoridades y compañeros de trabajo, al igual que a un gran número de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y a las familias. Podemos decir que la vida profesional de las y los profesores ha estado, está y seguirá estando en constante transformación.

Lorena Marin Meceda / Asesora de CyC

Desde hace un par de años Construyendo y Creciendo ha llevado el proyecto a otros sectores de la población, las aulas móviles son ejemplo de esa expansión.

Un aula móvil se coloca bajo diferentes criterios, pero el principal es llevar educación integral e inclusiva a las comunidades. Existe una gran diversidad de estudiantes que asisten a las aulas; sus contextos son distintos, así como su manera de aprender y de integrarse a la vida académica. La incorporación ha llevado a los estudiantes a pasar por un proceso que va desde tomar la decisión de retomar o iniciar sus estudios, dar continuidad, permanecer y concluir; además de adaptarse al sistema abierto.

En las aulas móviles podíamos atender a un mayor grupo de estudiantes porque las horas de atención eran más en comparación con las de un aula en obra.  Por la pandemia la forma de brindar educación se modificó.

La educación a distancia la realizamos por distintos medios, esto depende de las herramientas tecnológicas con las que cuente el o la estudiante, reconozco su voluntad para ajustarse a estas nuevas formas de enseñanza y aprendizaje.

La admiración que siento por cada uno de ellos y ellas es lo que me motiva a mejorar en mis prácticas docentes ya que se han esforzado por no abandonar sus estudios, desde sus medios y su disposición para continuar. Considerarlos y ser empática es fundamental para lograr su permanencia en el aula; ha sido un enorme desafío, pero es una oportunidad para desarrollar habilidades en ellos para que puedan ser capaces de resolver problemas y afrontar crisis como la que vivimos.

Para mí, ellos son ejemplo de resiliencia y la razón de ser de Construyendo y Creciendo.

Sofia Hernández Peña

Hace tiempo leí un cuento que se llama “Buena suerte, mala suerte ¡quién sabe!” Cuento chino – Anthony de Mello, cuya reflexión es  la siguiente: hay circunstancias adversas,  de las cuales se puede encontrar aspectos positivos. Por el contrario, lo que en un momento  parece bueno, quizás no lo es, pero  estas situaciones se tiene la oportunidad de obtener  un aprendizaje y tener una experiencia que te hace crecer.

En la actualidad estamos viviendo una situación adversa, la pandemia por COVID-19, ya que ha causado daños a nivel mundial en todos los aspectos, pero principalmente en la salud, lo social y lo económico; sin embargo, tiene aspectos positivos, entre éstos el trabajo colaborativo de los investigadores,  tanto a nivel nacional como internacional, para encontrar una vacuna para esta enfermedad y quizás para otras como el cáncer y el SIDA;  también hay menos contaminación ambiental, los océanos, lagunas y lagos están  más limpios, se ha observado la aparición de especies que se consideraban extintas; hay menos accidentes de tráfico; surgieron nuevos hábitos de higiene y también  la solidaridad se ha hecho presente hacia los que menos tienen.

En lo personal, en el inicio del confinamiento, sentí  miedo, ansiedad e insomnio, pero en una noche en las que no podía dormir, reflexioné y me di cuenta que  mi familia y yo somos muy afortunados, pues hasta la fecha no hay ningún familiar que haya contraído el COVI-19;  otro aspecto positivo  fue la convivencia familiar, pues antes del confinamiento casi no convivíamos debido a los horarios de trabajo, en cambio en la cuarentena la mayoría de mi parentela trabajamos  a distancia y nos dio la oportunidad de comer o cenar juntos, de platicar o de realizar algún juego de mesa. Tampoco hubo la preocupación por la economía, pues ninguno de los miembros de mi núcleo familiar  perdió el empleo, aunque existió una reducción porcentual para algunos con el apoyo de todos nos permitió cubrir los gastos. Hoy doy gracias a  Construyendo y Creciendo por el trabajo  que tengo y el cuidado de la salud que hicieron durante la cuarentena.

Cuando regresé al  aula, me conscienticé que la responsabilidad de cuidarnos es de cada persona y bien dice el slogan “¡Si te cuidas tú, nos cuidamos todos!”, por lo tanto es necesario que no bajar la guardia y seguir tomando las medidas preventivas para no contraer la enfermedad. Considero que además de ser  una responsabilidad, también es un acto de amor hacia los demás.

Deseo que ustedes también se encuentren bien en compañía de su familia y que encuentren aspectos positivos ante esta situación adversa.


Sonia López Hernández /Asesora de CyC

El tiempo que nos está tocando vivir es complejo e incierto, una de las cosas que me ha quedado clara durante el periodo de confinamiento es; que la pandemia y sus consecuencias no todos y todas la estamos viviendo de  la misma forma, y una variable que influye de forma significativa está relacionada con las condiciones materiales de vida (seguridad alimenticia, de salud, vivienda y trabajo). Sin embargo, en medio de la incertidumbre del desempleo, de la enfermedad y otras problemáticas sociales que se  han agudizado, también han florecido las muestras de solidaridad, afecto y empatía pues en el  contexto actual, es de vital importancia,  evitar  caer en la mera  individualización del pensamiento y de nuestras acciones.

En mi caso, me encuentro gustosa de estar de vuelta al aula en la modalidad presencial. Los meses de confinamiento y trabajo a distancia me permitieron reflexionar en relación a mi práctica como asesora educativa, dichas reflexiones  me llevaron  a replantear las prácticas pedagógicas y de interacción dentro del aula. A pesar de las dificultades, en cuanto  horarios laborales y despidos en la obra, el grupo de estudiantes que se han integrado al aula en los últimos tres meses sigue creciendo; me motiva el hecho de que se integren más estudiantes y que se muestren comprometidos con sus estudios. Como asesora educativa y docente las circunstancias me obligaron a aprender y poner en práctica herramientas y habilidades que anteriormente no utilizaba o incluso que no conocía, pero es una experiencia que me ha gustado, porque estoy aprendiendo y es parte de nuestra tarea como profesionistas  de la educación,  incluso como seres humanos, pues uno nunca lo sabe todo, la vida es un constante proceso de aprendizaje.

En el plano personal y familiar estar más tiempo en casa me ha hecho bien, podría decir que ha sido un periodo de introspección. Ahora busco  tener mayor organización en mis tiempos, aunque ha habido días cargados de mucho trabajo y me he visto rebasada en cuanto a mis expectativas de tiempo  sin embargo, en mis ratos libres  he aprovechado para retomar o realizar actividades que antes  por los afanes de la vida cotidiana y la falta de tiempo había dejado a un lado. Como mencione antes, es de vital importancia, al menos para mí, no individualizarnos en el sentido de no ver otras realidades y ser empáticos frente a ello; considero que a pesar de las limitaciones físicas  que ahora tenemos a causa de la pandemia, es necesario caminar hacia la construcción  redes de apoyo comunitarias,  desde nuestros propios espacios y posibilidades.

Esther Rosalía Rodriguez Fabila, asesora

La situación que actualmente enfrenta nuestro país y el mundo ha replanteado la perspectiva que todos teníamos de nuestras vidas antes de la pandemia, después de largos meses en confinamiento quizá muchos compartan la misma idea que al sobrellevar la cuarentena dentro de casa, vivíamos con cierto temor a que hubiera desabasto de medicamentos o alimentos, buscando la ropa con la que pudiéramos estar más cómodos, olvidándonos por completo de joyas, zapatos, y todas esas prendas que utilizamos para lucir bien. En ese momento del confinamiento lo que más se valoraba en nuestros hogares era que nuestros seres queridos estuvieran con nosotros en casa, que estuviéramos cómodos, gozando de salud y que tuviéramos artículos de subsistencia suficientes.

El gran aprendizaje que me deja esta pandemia a mis 28 años de edad es que “la vida es sencilla” ante una situación que amenaza nuestra salud y nuestra vida, todos aquellos objetos materiales que tengamos almacenados en casa siempre estarán de sobra ante una situación de esta naturaleza y solo entonces le daremos el valor que realmente tiene el bienestar, la salud y la subsistencia de los elementos básicos para la vida.

Dentro de mis funciones profesionales en esta institución que promueve la educación y la calidad de vida de los beneficiarios también hace eco esta condición, observo que desde la apertura del aula y siguiendo los protocolos del retorno seguro, la afluencia y las ganas por estudiar y culminar sus estudios han aumentado, y no es para más, coincido con mis alumnos cuando comentamos que la una de las formas de vencer y afrontar una pandemia como el COVID-19 es la educación, apostarle al conocimiento científico, que existan cada vez más personas preparadas que puedan estudiar y demostrar soluciones ante una contingencia de esta naturaleza. Que cada vez existan más oportunidades y por convicción hagamos esos cambios significativos en nuestras vidas que garanticen una mejor calidad de vida para nosotros, nuestros seres queridos y nuestra sociedad ante una pandemia en el futuro.

La nueva normalidad nos afectó a todos pero especialmente a los padres y madres que trabajan, pues ahora tienen que enfrentarse además de las responsabilidades del trabajo, a apoyar a sus hijos en edad escolar con las clases a distancia.

Los estudiantes y maestros estarán separados físicamente y los procesos de enseñanza y aprendizaje tendrán lugar mediante la tecnología, ¿cómo lograr el balance entre el trabajo, la escuela y la familia en casa?

Responsabilidades

Los docentes y los estudiantes estarán navegando en barcos distintos, que se van acompañando a la distancia; las madres y padres tendrán un rol más activo en este trayecto, que el que tuvieron en el pasado.

La encuesta sobre la “Educación durante la contingencia por el COVID-19” que se aplicó durante mayo y junio de 2020, bajo la iniciativa de Juntos por el Aprendizaje,1 revela que la mayor parte del cuidado y acompañamiento escolar de los hijos recae en las madres, 57.8% y 62.5% respectivamente, en comparación con el 19.9% y 18.4% en los padres. Este sesgo no es un fenómeno reciente sino el resultado de la estructura del mercado laboral y de las normas sociales. Algunos dirán que es porque la mayor parte de las mujeres son madres solteras o se dedican al hogar, pero, al menos en esta muestra, el 72% son hogares biparentales y el 75% de las mujeres trabajaba al igual que los hombres y aun así la mayor parte de la carga de los hijos y responsabilidades del hogar recayó en las mujeres

Aprendizajes

A finales del ciclo escolar anterior, el 85% de los padres de familia mencionaron necesitar apoyo para acompañar o facilitar las actividades escolares de sus hijos desde casa, este porcentaje fue más alto entre las madres y quienes tienen hijos en inicial, preescolar y primaria. El principal apoyo que solicitan las madres tiene que ver con temas logísticos y organización del tiempo (29.3%), seguido por temas tecnológicos (26.5%), socioafectivos (19.8%), pedagógicos o de contenidos curriculares (16.5%); mientras que el principal apoyo que solicitan los padres es tecnológico (32.3%). Algunos de ellos (19%) reconocen que carecen de los conocimientos necesarios y varios (37%) que no saben cómo motivar a sus hijos para continuar con una educación a distancia.

En general, el principal obstáculo que mencionan los padres de familia es poder adaptarse a la nueva rutina: balanceando adecuadamente el tiempo para trabajar desde casa, con distracciones constantes, y para ayudar a sus hijos con las tareas escolares. El 54% de las madres expresa que era difícil o muy difícil organizar el tiempo durante la contingencia, comparado con el 48% de los padres.

Redes de apoyo

Según el INEGI, casi 16 millones de mujeres trabajadoras son madres y 30% de los hogares está a cargo únicamente de las madres. Antes del coronavirus, la mayoría de las madres trabajadoras dependía de un sistema de apoyo para el cuidado y aprendizaje de sus hijos.  Encargarles el cuidado de los niños a los abuelos dejó de ser una opción para muchos ya que son una de principales poblaciones vulnerables de contagio. Desde el confinamiento, las madres y padres de familia han buscado a personas de la familia nuclear, familia extendida y grupos de amigos para contar con apoyo emocional, aunque sea a la distancia.

Sensación de mareo

Como en altamar, muchos padres de familia han sentido una sensación de mareo y pérdida de equilibrio emocional en los últimos meses. Comparado con su situación pre-COVID, los padres de familia indican que su estrés (67%) y cansancio (47%) han aumentado. Estos aumentos son más pronunciados entre las madres que entre los padres. Muchas madres describen sentirse abrumadas, agotadas (física y mentalmente) y culpables, como no lo habían experimentado antes. A pesar de esto, más de la mitad de ellas mencionan que sus hijos han estado contentos o felices estos meses.

Aun cuando muchos varones están compartiendo responsabilidades domésticas, la carga mental tiende a ser más alta entre las madres, quienes reportan estar continuamente buscando que todos en casa estén bien y felices.

Usa el viento a tu favor

Mientras navegamos de forma distinta por nuevos mares, los padres de familia deben aprender a ser flexibles, menos exigentes y ajustar expectativas para mantener la salud emocional y poder acompañar a los hijos en su desarrollo.

Enfócate en ser una buena madre o padre; es decir, en alguien que sabe tomar las decisiones correctas para buscar el bienestar de sus hijos.

Atesora las cosas que has podido hacer con tus hijos en estos meses: cocinar, jugar, leer, conversar.

Busca alguien en quien apoyarte cuando sientas que ya no puedas remar.

Fuente: Animal Político, María Elena Ortega Hesles

Los últimos cinco meses han sido de incertidumbre para la mayoría de la población, en temas económicos y de salud, tanto física como emocional. Durante este tiempo he escuchado historias muy diversas de consecuencias que ha dejado la pandemia: personas que se han quedado sin empleo, quienes han perdido a algún familiar o se han enfermado, quienes han sufrido algún accidente que los imposibilita para seguir trabajando, quienes se han contagiado y los han tenido que precindir de sus servicios o aquellos que han sufrido problemas emocionales. También he lidiado y conocido a gente muy cercana y querida que ha pasado por ellas.

Durante mi vida he tratado de ser empática con las diversas realidades que viven las personas a mi alrededor. Sin embargo, desde que colaboro con la fundación he logrado poner en práctica mi ejercicio de reflexión y cuestionar mi propia realidad desde otros puntos de vista.

Es por esto que, a pesar de que la mayoría de las consecuencias han sido muy poco favorables o fatales, es necesario reconocer que también hay algunas que han sido positivas. Por ejemplo, todos los asesores han tomado un papel muy importante al ser los responsables de poner en práctica las recomendaciones de seguridad para cuidar su salud y la de nuestros alumnos; y por supuesto, la iniciativa que han tomado los estudiantes para llevarlas a cabo. Lo que nos demuestra que esta situación nos ha permitido cuestionar nuestras formas de vida y de alguna manera nos ha vuelto más empáticos, respetando y cuidando la vida de otros.

También, me ha sorprendido gratamente que a pesar de todos los obstáculos que puedan presentar los alumnos, y por supuesto los asesores, seguimos apostando por la educación. Hay alumnos que han sido despedidos y que hasta ahora no encuentran trabajo, pero que continúan estudiando. Y también hay asesores que nos hemos quedado sin un aula para trabajar y hemos temido por quedarnos sin empleo, pero aun así seguimos atendiendo a nuestros estudiantes.

Por esto, poder colaborar con el aula virtual, aunque sea por un tiempo, me ha demostrado que sin importar los obstáculos, si se tiene una meta fijada se pueden encontrar soluciones para lograrla, a pesar de la gran desigualdad en cuestiones de acceso a las tecnologías, pues no todos cuentan con un celular o una computadora que les permitan estudiar desde casa.

Me gusta creer que la motivación y el deseo por cambiar nuestra realidad junto con el apoyo y guía de las personas que nos rodean para trabajar de manera colectiva es el inicio para lograr muchas cosas en el ámbito educativo pero sobre todo en el personal y como sociedad, y me hace recordar una frase del escritor uruguayo Eduardo Galeano que dice “Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (Relato Celebración de las Contradicciones/2, 1987).

En estos meses de confinamiento pasamos por una gran cantidad de cambios a los cuales hemos tenido que acostumbrarnos y aprender a vivir con ellos. Un modelo muy claro es el hecho de permanecer la mayor parte del tiempo en casa junto a nuestros familiares, lo que antes era poco probable por el ritmo de vida que lleva cada quien día a día, el no salir de casa, suspender actividades cotidianas, evitar aglomeraciones y sobre todo no tener contacto con los demás, me hizo toparme con la realidad de lo espontánea y efímera que es la vida pues te puede cambiar de un momento a otro, valorando el hecho de que esta pandemia nos hiciera tener más convivencia con nuestra familia dándole un sentido más significativo e importante a lo que tenemos y a quienes están a nuestro lado.

Me di cuenta que poseemos la dicha de aprovechar este tiempo de trabajo en casa para poder conocer más a nuestros familiares, saber cuales son las actividades que realizan en el trabajo, conocer un poco más su cotidianidad  y no solo la superficialidad de los momentos de descanso laboral. Aprendí a darme y darles espacio profesional, espacio para alimentarnos adecuadamente, espacio de convivencia y de descanso, descubrir que estando en casa todo el día puede hacer que el tiempo  pase muy rápido o muy lento, entendiendo que debía organizarme mejor para cumplir con todas las actividades laborales y domésticas.

Mi trabajo es lo que más aprendí a valorar, cayendo en cuenta que mucha gente se quedó sin empleo, nuestros estudiantes son un ejemplo muy claro ya que el sector de la construcción fue uno de los más perjudicados, desafortunadamente no tienen la oportunidad de poder trabajar desde casa y recibir un sueldo, aunque fuera poco, ellos tienen que seguir buscando oportunidades para poder sostener a su familia.

El seguir en contacto con nuestros alumnos para apoyarlos a que puedan continuar con sus estudios y a su vez motivarlos ante esta situación me hizo notar lo importante de valorar lo que tenemos y las oportunidades que se nos presentan para poder seguir adelante. Muchos estudiantes me comentaban que aunque no tenían dinero lo importante para ellos era que tenían salud y a su familia a su lado,  porque juntos podrían salir adelante buscando soluciones que los ayudarían a pasar este confinamiento.

Todo esto me hizo reflexionar y considerar  que siempre debemos valorar a nuestra familia y la dicha de poder contar con un trabajo que nos da la oportunidad de seguir generando ingresos para sustentar a los nuestros y que mejor, si este empleo, nos permite seguir apoyando a muchos trabajadores que se quedaron sin esta oportunidad y donde la Fundación Construyendo y Creciendo sigue buscando en todo momento la oportunidad de apoyarlos en estos momentos difíciles y mantener un equipo de trabajo para poder continuar adelante con nuestra misión.

Preocupados por la salud y seguridad de los trabajadores de la construcción ante el riesgo de contagio por COVID-19, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) y CEMEX unieron esfuerzos este 5 de agosto firmando un convenio de colaboración que tiene como principal objetivo la difusión y entrega de kits para la protección de la salud de todos los colaboradores, desde los constructores, personal técnico, administrativo y obrero de las obras de construcción en todo el país.

Construyendo y Creciendo se suma a la campaña “Juntos somos más fuertes – Comportamientos que salvan vidas”, otorgando kits de protección a los trabajadores de la construcción teniendo como principal eje el cuidado de su salud y el de sus familias, pues gracias a ellos, podemos gozar de nuestras viviendas, oficinas, carreteras, plazas comerciales, etc; además de que este sector genera aproximadamente el 15% del empleo total en México.

Esta iniciativa arranca en el estado de Nuevo León, y simultáneamente en 6 ciudades principales del país, en más de 6 obras en alianza con las 44 delegaciones del CMIC, en donde se difundirán los comportamientos que salvarán vidas en todo el gremio de la construcción. Dichos comportamientos son:

* Identificar y reportar síntomas
* Higiene personal
* Cuídate y cuida a los demás
* Distanciamiento físico

A esta campaña también se suman dos grandes aliados de nuestra fundación, Grupo Pesado y Club Tigres promoviendo los protocolos de seguridad y bienestar frente al COVID-19.

Finalmente con estas acciones CMIC, CEMEX, Construyendo y Creciendo, Secretaría de Salud, Consejo de la comunicación y demás empresas y organizaciones refuerzan su compromiso entre ellas con el objetivo de proteger la salud y seguridad de las personas que se desempeñan en el sector de la construcción, cuidando su entorno, sus familias y compañeros de trabajo.

Construyendo y Creciendo te invita a sumarte a esta campaña, pues cuidándote tú, nos cuidas a todos.

La locomotora de vapor fue construida por Richard Trevithick en 1804. Imaginemos la primera vez que alguien observó a ese monstruo de hierro reforzado, humeante y ruidoso, desplazándose a gran velocidad por unas barras de metal que se extendían hasta el aparente infinito. La concepción de muchas personas cuyo ingreso dependía de transportar grandes cantidades de producto por tierra, cambio inevitablemente. Sus servicios ya no eran necesarios. Había llegado el momento de evolucionar o extinguirse.

De igual forma en el 2020 nos enfrentamos a algo similar, una pandemia por COVID-19 que ha cambiado al mundo, en ideas, costumbres, manera de vivir y un sin fin de cosas a las que no estábamos acostumbrados, como el quedarnos en casa por períodos largos de tiempo. Algo ajeno a nuestro control que nos desafía a adaptarnos… nos fomenta u obliga a evolucionar.

En lo personal esta pandemia me ha sentado muy bien. Me ha orillado a adaptarme mediante la adquisición de nuevos conocimientos y herramientas. He experimentado distintas formas de comunicación e interacción social. También he descubierto plataformas digitales, las cuales desconocía y ahora estoy muy familiarizado con ellas. Lo mejor de todo, es que la pandemia me ha hecho ser más consiente y responsable de los alcances que tienen mis actos sobre mi salud y la de quienes me rodean.

En este punto de mi vida, creo que me es irrelevante que esté o no presente una pandemia, pues considero que hago todo lo que está en mis manos para seguir creciendo personal, intelectual y culturalmente. Aunado a las medidas de seguridad que intento tener y fomentar en mi círculo familiar y personal. Siento que la pandemia por SARS-Cov-2 es un test evolutivo el cual pone a prueba nuestra capacidad mental, física, emocional, social y económica. No añoremos una era sin locomotora, aprendamos a viajar en tren.

Enue Reynaldo Gómez Macías / Asesor educativo